Antes de que el calendario expirara, el abuelo se abstraía, soltaba el güisqui por un momento, acomodaba el vinilo sobre el tocadiscos y dejaba caer la aguja justo antes de unas campanadas y el primer verso, el mismo que había sonado el anterior diciembre, el que antecedió a ese, el otro y el otro. Madre: esta noche se nos muere un año

El abuelo, El Pay para nosotros, Doctor Fernando Guarache Mello para el resto, insistía en exponernos a esas verdades, esos sentimientos, esa sabiduría de antaño. Los demás, los pequeños explotando cebollitas contra el piso y los mayores maraqueando el escocés con finos movimientos de muñeca, no comprendíamos absolutamente nada. Eran vainas de viejo, pensábamos.

La casa de la abuela, La May para nosotros, Señora Beatriz para el resto, suponía varias certezas, y más aún en estas fechas. En aquella quinta, al final de la avenida Andrés Bello de Cumaná y frente al mar que separa la ciudad de la península de Araya, segurísimo habría pernil, hallacas, pan de jamón, ponchecrema, todo el combo navideño. También, en contraste con los fuegos artificiales, sonaría la voz metálica de otro Andrés, que venía del pasado para recitarnos su propia obra.

Las palabras emanaban del estéreo, testarudas y secas. Todos querían gaita zuliana, parranda, guaracha; pero el poeta se empecinaba en recordarnos que las doce uvas no siempre saben igual. Contra gritos de Feliz Año, espaldarazos sonoros y choque de copas, continuaba sus estrofas, que penetraban una a una el alma taciturna del abuelo, El Pay, el Doctor Guarache. 

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,

siento que toda la acidez del mundo

se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia.

Cuentan que el joven Andrés Eloy Blanco, abogado, político, congresista, diplomático, poeta, humorista, uno de los cumaneses más ilustres del siglo XX, estaba nostálgico en la Navidad de 1923. Soportando el invierno y la soledad en Madrid, donde se encontraba a raíz del premio de poesía que recibió por su Canto a España, escribió aquellas líneas, de las que brotan el amor por su madre y la pesadumbre por recibir el primero de enero lejos de casa, a miles de kilómetros de distancia.

¡Madre, cómo son ácidas/las uvas de la ausencia!, se conmovía Andrés Eloy desde España y desde los años 20 cuando nosotros en Suramérica acabábamos de estrenar la década de los 90. El poema sonaba lejano. Aquel mensaje no parecía dirigido a nosotros. ¿Cuál ausencia? ¡Si todos estábamos allí! Hasta ese momento, en este racimo de guaraches, de más de 20 individuos —luego la cifra aumentaría sustancialmente—, no había ningún ausente. Todos saboreábamos juntos unas “uvas más dulces que la miel de las abejas”.

Prosperidad, abundancia, felicidad. Esas tres palabritas se repetían, como siempre, como una tarjetica prediseñada. Y una vez que comenzaban doce nuevos meses, el abuelo, El Pay, el Doctor Guarache, obligaba a su admirado poeta a cederle la batuta a Billo Frómeta. Las uvas del tiempo que nos daba para masticar ya estaban ahí dentro para añejarse, para que las digiriéramos por muchos años, para que en cada etapa de nuestras vidas experimentáramos la evolución de su sabor.

El abril siguiente, del que ya se cumplieron 25 años, un infarto sorprendió al Doctor Guarache en su consultorio, y con él murieron el abuelo y El Pay. Nadie, por años que me resultaron larguísimos, se atrevió a despertar a Andrés Eloy para que nos recitara de nuevo en vísperas de Año Nuevo. Como buenos venezolanos, le rehuíamos a la nostalgia. Escapábamos del recuerdo en lugar de reconciliarnos con él.

Ahora estoy escribiendo esto desde Bogotá, siempre fría, lluviosa y distante, evocando voluntariamente al poeta, descubriendo una acidez en las uvas que había permanecido agazapada; pensando en Cumaná, en los míos; en las abuelas y abuelos, todos muertos pero presentes; y he comprendido con abrumadora exactitud cada palabra que escribió aquel joven brillante mirando a través de la ventana de otro continente el último día de 1923.

Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.

 

Publicado en Prodavinci.com en la misma fecha

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7 comentarios en “El sabor de las uvas

  1. Mi querido Gerardito: que mejor momento para recordar “Las doce Uvas de La Noche Vieja” con el recuerdo de tu abuelo: el gran y querido dr Guarache y la nostalgia de la lejania de todos nuestros seres queridos, ausentes y lejanos…en éstos momentos todos los que estamos lejos de nuestro pais, estamos saboreando la uvas àcidas y asi serà antes del 31 de la media noche del 2016. Dios siga dirigiendo esa pluma en tu mano, la cual escribe tantas verdades!! Y que algún momento del próximo año, nos dé la noticia y alegria que ya seamos un país libre y democrático, nuevamente…!! Dios te bendiga y recibe en unión de tu querida esposa nuestro cariño de féliz año nuevo!! Norma Licháa Raffóul

  2. Tal cual primo, todos sentimos esa acidez desde la distancia… lejos, pero nunca ausentes. Ellos permanecen en nuestros recuerdos. Es lo que nos ha tocado vivir, con los valores que nuestros padres, abuelos y bisabuelos nos dejaron y que no se olvidan, ni mueren. Abrazos,
    Maria Beatriz Chopite

  3. Hola Gerardo. Tal vez no me recuerdes. Soy Eduardo Urosa Guarache, primo de tu papa. Por cierto hoy lo vi aqui en Cmna. Entonces eres mi primo 2do. De pana, te felicito por este lindo escrito. No solo expresas tu amor y admiracion por el honorable Pay, sino q tambien nos refrescas la memoria y nos traes una nostalgia alegre de lo q fue nuestra niñez y juventud al lado de nuestros padres y tios Guarache Mello. Ademas extrañas a este pueblo q en los tiempos q estamos viviendo esta abandonado y sufriendo mucho….Ah por cierto, no si sabes q el poeta es familiar de los viejos…Un abrazo!

  4. Querido Gerardo ….leí con nostalgia hoy esas palabras escritas por ti donde tu mencionas al Pay y la May que para mi eran tío Fernando, tía Beatriz o la madrina y el padrino , todo eso forma parte de mi familia y quedan allí guardados para siempre..por esta época nos recordamos de todos ellos que aunque ya no están presentes seguirán siempre en nuestros pensamientos…un abrazo a toda esa gran familia y lo mejor para el 2017 .

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