Lo que brilló en aquel escenario no fueron los Rolling Stones. Sí, por supuesto que deslumbró la presencia de Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts, con toda su parafernalia. Pero la noche del pasado 25 de marzo en la Ciudad Deportiva de La Habana, la banda británica vistió el traje de una metáfora y lo verdaderamente resplandeciente fue la libertad, rebelde y burlona, bailando, contoneándose, tocando la batería, fumándose un cigarrillo, diciendo lo que le venía en gana.

“Sabemos que años atrás era difícil oír nuestra música acá, pero aquí estamos tocando para ustedes en su bella tierra”, dice un sonriente Mick Jagger, en perfecto castellano, ante unas 700.000 personas excitadas —y otras 500.000 en el perímetro. Justo después, hace una pausa y, en tono reflexivo, parafrasea a Dylan: “Finalmente los tiempos están cambiando”.

No fue un acontecimiento que necesitase demasiado tiempo para cobrar una significación más allá de lo musical. Fue un hecho histórico antes de que ocurriera. Un libreto que parecía escrito hace mucho, obra de un ingenioso y romántico guionista. Por eso el cineasta Paul Dugdale, especialista en el género y responsable de Adele: Live at the Royal Albert Hall (2011), Coldplay: Ghost Stories Live y One Direction: Where We Are (2014), se apresuró y produjo una cinta que acaba de ser presentada en salas de cine.

Quienes no estuvimos en Cuba durante el espectáculo jamás sabremos con exactitud cómo era el aire que se respiraba desde “Jumping Jack Flash” hasta (I Can’t Get No) Satisfaction”. Pero The Rolling Stones: Havana Moon (aquí el tráiler) seguramente representa un justo registro de lo que experimentaron los cubanos cuando se encontraron de frente, sin intermediarios ni censores, en público y sin temor a represión, con unos verdaderos embajadores del rock and roll.

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En una sala de cine en Bogotá, a seis meses de aquella cita, muchos lagrimeaban al ver en la gran pantalla las lágrimas de quienes sí asistieron. La carga emotiva pesaba como un yunque. La música fue apenas una excusa, con sabor agridulce, para recordar que la vida ha sido dura. “You can’t always get what you want”, dice el coro, y luego, como para que no se pierda la esperanza, completa: “But if you try sometimes, you just might find you get what you need”.

Los Stones agitaron a la multitud con “Sympathy For The Devil” y “Paint It Black”. Con “Gimme Shelter” le dijeron que en el mundo la guerra siempre está a la vuelta de la esquina: “War, children, is just a show away”. Lo acariciaron con “Angie” y lo entretuvieron con “It’s Only Rock and Roll (But I Like It)”, como para que no se lo tomara todo tan en serio. De paso, le hablaron de las “Honky Tonk Women” y saborearon “Brown Sugar” y bailaron y rieron y se olvidaron por un rato de las penas, del encierro, el período especial, la cartilla de racionamiento, las balsas, las ideologías, el embargo estadounidense y lo que pasa por la mente de la mayoría cuando oye la palabra Cuba.

“Al prohibirlo se hace más apetecible (tasty)”, suelta Keith Richards en una de las entrevistas que acompaña la seguidilla de canciones. Y el guitarrista dice que, como es costumbre, actuaron movidos por el combustible que ha mantenido a esa maquinaria activa durante más de medio siglo: el cariño del público.

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Los ídolos la pasaron bien, mejor que en otras ocasiones. Vieron banderas de Inglaterra y de muchos países latinoamericanos. Vieron una audiencia en la que convivieron senos muy jóvenes al descubierto y canosos vestidos de cuero, gente heterogénea de todas las edades. Dijeron que comieron arroz con frijoles y empanadas y que “lo más rico fue bailar rumba cubana en La Casa de La Música”. Contaron que les encantó el museo abierto de automóviles antiguos que representan las calles de la ciudad y confesaron que lo más duro de efectuar el show fue el engorrosísimo papeleo.

Todo huele a cambio, mucho más que cuando Audioslave, el 6 de mayo de 2005, ofreció un show ante la Tribuna Antiimperialista José Martí de La Habana. ¿Habrá servido aquel encuentro con la banda híbrida, con integrantes de Rage Against The Machine y Soundgarden, con Tom Morello y Chris Cornell a la cabeza, como abreboca? Seguramente sí, al igual que el concierto Paz sin Fronteras del 20 de septiembre de 2009, que reunió en la Plaza de La Revolución a artistas como Juanes, Miguel Bosé, Olga Tañón y Jovanotti con trovadores como Silvio Rodríguez y agrupaciones como Los Van Van y Los Orishas.

Es cierto, Mick. The times they are a-changin’. Lo vemos en un crucero atracando en las costas de la isla. También en un desfile de Chanel en tierra comunista. Un partido de los Tampa Bay Rays de la Major League Baseball contra la selección cubana, ante la mirada de los presidentes Obama y Castro; y con Derek Jeter, gloria del deporte estadounidense, en las mismas sillas que Timoleón Jiménez, alias Timochenko, jefe guerrillero de las FARC colombianas. Lo sospechamos al presenciar sendos vuelos de American Airlines aterrizando en Cienfuegos y Holguín por primera vez en 55 años. Sí, los tiempos están cambiando… y los Rolling Stones, una vez más, colaboran con la banda sonora.

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