¿Apellido? Rock and roll

¿Apellido? Rock and roll

Se va 1955, año en que la radio estadounidense comenzó a abrirle espacio a un sonido rarísimo. Los baladistas y crooners, grupos vocales, el country y el folk ahora compiten contra un ritmo frenético y bailable. En marzo fue estrenada la película Blackboard Jungle y allí apareció un tipo cachetón con un flequillo a lo Superman cantando una canción titulada “Rock Around The Clock”. Se llama Bill Haley y es el primero al que se le escucha algo tan peculiar. Desde entonces, no puedo pensar en otra cosa.

Haley aprovechó el viento a favor y presentó en mayo “Shake Rattle and Roll“, que contiene la misma sustancia. Desde septiembre, todos hablan de un negro excéntrico llamado Richard Wayne Penniman —él se presenta como Little Richard— que canta un coro que dice “Tutti Frutti”. “Ain’t That a Shame” de Fast Domino y “Blues Suede Shoes” de Carl Perkins se pelean los primeros puestos en la lista Billboard. Mientras esto ocurre, y todos corren a ver Rebelde sin causa protagonizada por James Dean, un tipo apuesto de Memphis, un tal Elvis Aaron Presley, se asoma con “That’s All Right (Mama)” y sale de gira por primera vez. Quién sabe a dónde llegue.

Me gusta el sonido de todos ellos, pero hay uno que me cautivó más que el resto. Me parece que va más allá, con carisma y desparpajo. Es un jovencito —bueno, aparenta ser muy joven pero ya está rozando los 30— que salió de San Luis, Missouri, y estableció contacto con Chess Records a través de Muddy Waters. Chicago ya se le hizo pequeña. Su feeling para cantar y tocar la guitarra es extraordinario. Lo primero que le oí fue “Maybellene”, que corresponde a una adaptación que hizo de la canción country “Ida Red”. Luego, y ahí sí se enteraron todos de quién era, comenzó a sonar “Roll Over Beethoven”.

¡El tipo le dice al mismísimo Ludwing van Beethoven que se mueva y le dé la noticia a Tchaikovsky! Le informa de este nuevo ritmo que está enloqueciendo a quien lo escucha. Lo he visto en televisión diciendo: “Ladies and gentleman, i ask him to forgive us —sí, le ofrece disculpas al fallecido genio alemán— roll over and listen to a little of this”. Y luego el loco suelta un riff irresistible con su guitarra e invita a la banda a seguirlo. Los que están presentes en el estudio lo miran estupefactos, como si estuviese un alien ante ellos. Y él, la criatura de otro planeta, toca, canta, baila, los deja boquiabiertos. Me pregunto si en el próximo siglo se acordarán de él, o si otras bandas en el futuro lo tomarán como referencia. Yo le deseo larga vida porque además me cae bien. Que al menos tenga fama y fortuna y que pase de los 90 años. Ojalá siga haciendo discos y consiguiendo hits. Si ambos vivimos en octubre de 2016, le mandaré un mensaje que diga: ¡Feliz cumpleaños, Mr. Chuck Berry!

Comfort y música para volar: Soda Stereo en un sofá sobre las nubes

Comfort y música para volar: Soda Stereo en un sofá sobre las nubes

 

Lo que sonaba no parecía una guitarra. Era como el aullido de un ave primitiva. Gustavo Cerati usaba su pedalera como pintor expresionista. Hacía el amor a su Paul Reed Smith negra y brillante mientras narraba una historia ambientada en un Buenos Aires oscuro. Y no se trataba sólo de la furia entendida como un estado de ira demencial. La vieja canción —añejada en barricas durante 8 años— invitaba a los 90 a las deidades justicieras de la mitología griega. Así, comenzaba un viaje llamado Comfort y música para volar.

Lucía como Jeff Lyne (Electric Light Orquestra). Grandes lentes oscuros, abundante cabello crespo, suéter azul cielo. Relajado y abstraído, conectado con una fuerza sideral. Parecía en otro lugar, como si estuviera inconsciente de que se encontraba frente a un público cautivo en los estudios de MTV en 420 Lincoln Road de Miami, Florida.

Antes de convencerlos de hacer un especial desconectado, la cadena televisiva, principal vitrina latinoamericana de aquella época, había tocado infructuosamente las puertas varias veces. Les hubiese encantado que la banda argentina fuera la primera de una lista en la que ya estaban los Fabulosos Cadillacs, los Caifanes, Charly García, El Tri, Los Tres y Café Tacvba. Pero a Cerati no le gustaba la simple idea de “meter la canción eléctrica adentro de una caja acústica”.

Soda ya era gigante, todo lo gigante que puede ser una banda de rock en castellano. Había editado Sueño Stereo (1995) y estaba de gira por Centroamérica y Estados Unidos cuando MTV los dejó hacer sencillamente lo que les viniera en gana. Ya se sentía la distancia entre Cerati, Bosio y Alberti, que se despidieron al año siguiente. Una suerte de telepatía, desarrollada a través de muchísimos ensayos y grandes presentaciones, generaba un ensamble compacto y distendido.

Soda Stereo le cedió el coro de “En la ciudad de la furia” en su versión embriagante a Andrea Echeverri (Aterciopelados), con quien compartían el tour. Una decisión acertada, claro que sí. Un dueto que rozó la perfección. La colombiana sumergida en la letra; el líder, inspirado, abrazado a su guitarra intoxicada de efectos, mirando las furias volar sobre él.

Apoyados en los hermanos Fainguersch (chelo, fagot y viola) y en el productor Tweety González (teclados y samplers), rescataron “Un misil en mi placard”. El ska, engavetado en su disco debut homónimo de 1984, fue barnizado con los acordes de “Chrome Waves” de la banda británica Ride y convertido en otra canción.

“Té para tres” fue electrificada y coronada con el riff de “Cementerio Club“, original de Luis Alberto Spinetta en Pescados Rabiosos. Al igual que “Pasos”, gozó de un terapéutico arreglo de cuerdas. Y cómo olvidar la salvajemente sexy “Entre caníbales”, que superó a su versión original. Impecable de arriba abajo.

La edición de Comfort y música para volar que esta semana cumple 20 años de su lanzamiento incluyó dos números del tramo que el trío interpretó de pie con bastante distorsión, tachándole el un al unplugged. Ambas canciones estaban todavía frescas en ese momento: “Ángel eléctrico” y “Ella usó mi cabeza como un revólver”.

Por trabas de derecho discográfico, el compacto sólo incluyó 7 de las 13 que tocaron aquella noche. Resolvieron alterar el orden para el álbum y completar con pistas que habían quedado fuera de Sueño Stereo. Primero “Sonoman“, una suerte de “Tomorrow Never Knows” instrumental del futuro que al terminar dice: “Ya se los advertí, aquí tienen música para volar”. Luego, “Planeador”, “Coral” y “Superstar”, puros lados B de lujo.

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El CD de 1996 permitía una navegación multimedia. En su PC, el público podía pasear por el living de la carátula y, al darle click a cualquier elemento, ingresar a una habitación distinta. Al pulsar el televisor, por ejemplo, se veía un fragmento del cóver de “Génesis”, canción de la banda argentina Vox Dei incluida en su disco La biblia (1971). Al husmear en otra área, se podían jugar al técnico de grabación y separar las pistas de “Coral”: oír sólo las voces o la guitarra, las maracas, la batería, el bajo.

En 2007, una vez que se desataron los nudos contractuales que impedían echar mano de cualquiera de las 13 canciones grabadas, salió al mercado una nueva edición con el orden original del show y todo su contenido, sin los bonus tracks registrados en estudio. Se agregaron temas como “Terapia de amor intensiva”, “Zoom” y “Cuando pase el temblor”, “Paseando por Roma”, “Disco eterno” y la mencionada “Génesis”, tal como aparecen en el DVD.

Comfort y música volar pareciera sonar mejor cada vez. La cita del 12 de marzo de 1996 en los estudios MTV dejó un registro de Soda Stereo en su punto más alto de creatividad, pulcritud conceptual y calidad en sus performances. Cerati tocaba y cantaba de un modo inmejorable. Era una banda muy segura de sí misma dictándole cátedra a sus contemporáneos: cómo administrar los artificios para emocionar, cómo poner cada ingrediente en su medida justa, cómo hacer curaduría de la obra propia.

Los gobiernos suelen decretar como feriados los aniversarios de batallas, natalicios de próceres y firmas de documentos independentistas. Yo, en un acto de rebeldía, he decidido declarar el 25 de septiembre, fecha de lanzamiento de esta joya, como día festivo. ¡Salud!