Gonzalo Teppa: Migrar en clave de jazz

Gonzalo Teppa: Migrar en clave de jazz

Publicado el 11 de marzo de 2021 en Guatacanights.com

Por Gerardo Guarache Ocque

Gonzalo Teppa acababa de editar su cuarto álbum, un trabajo magistral titulado Sinergia que pasaba en limpio sus ideas sobre la música venezolana desde la óptica del jazz. Tocaba con los mejores músicos de la escena nacional. Era, nada más y nada menos, el bajista de C4 Trío, que había quedado trasquilado tras la partida de Rodner Padilla. Pero el contrabajista larense, como tantos venezolanos en estos tiempos, se vio obligado a tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: Dejar todo eso atrás, su país, su gente, sus proyectos, para procurar mejores oportunidades para sus hijos.

Era agosto de 2014, un año en el que Venezuela convulsionó políticamente y comenzó a agudizarse una crisis que hoy persiste. Teppa vio las costas de La Guaira desde la ventanilla del avión y aterrizó en Boulder, Colorado, ciudad que conocía bien porque allí había vivido y profundizado los estudios que inició en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo de Barquisimeto.

Away From Home (2019), primer álbum del Gonzalo Teppa Quintet, es el relato jazzístico de su migración. Es la banda sonora de la travesía con toda su carga de incertidumbre y vulnerabilidad, impregnada por esa nostalgia que es como una sombra que no abandona al exiliado y, por supuesto, realzando su equipaje, que es la cultura, su raíz. Por ejemplo, en una pista llamada Venezuelan roots el contrabajista grabó tambores e invitó a su baterista, su vibrafonista y al resto de la banda —todos estadounidenses— a embarcarse en un viaje rítmico por la costa afrovenezolana.

Gonzalo confiesa que él no es de esos artistas que maquinan un concepto y luego trabajan bajo un esquema preconcebido. Que, al contrario, prefiere componer y que luego sean las canciones las que determinen el carácter de sus álbumes. Venezuelan roots fue una de las nueve piezas que creó una vez que se estabilizó en su nuevo lugar de residencia y retomó su proyecto como solista. Al sentarse a componer de nuevo, mirando a Venezuela desde lejos, las melodías se fueron atando unas con otras, contando un relato. Su relato, que al mismo tiempo es el de muchos.

En 2018, la fundación Path Ways to Jazz de Boulder le otorgó una beca concebida para que los jazzistas concreten sus proyectos, graben su material, cumplan sus metas creativas. En la ruta, se había encontrado con las piezas que necesitaba para su quinteto: Greg Harris (vibráfono), Ike Spivak (saxofón), Alex Heffron (guitarra) y Andrew Wheelock (batería). 

Con ellos, entró al estudio a grabar canciones como Uncertain hope (Esperanza incierta). ¿Pero no va la incertidumbre atada a la esperanza siempre? Lo cierto es que la pieza subraya esa bruma que nubla el horizonte del inmigrante. Una mezcla de miedos y dolores. Ésa es una cara de la moneda. La otra es Custom blues, que le pone una banda sonora simpática a los nervios del viajero, que se crispan al momento del chequeo en el aeropuerto antes de ingresar al país. Sí, el Custom se refiere a Aduana.

Away from Home, la que titula el álbum, es una inmersión en la añoranza. La inevitable y agridulce añoranza. Sudden Awakening describe ese momento de la mañana en el que, por primera vez, el tipo se levanta en un nuevo país, con un nuevo huso horario, clima, geografía, idioma, costumbres, mira a su costado a su esposa y sus dos hijos, respira profundo y se arma de valor para empezar a escalar esa cuesta empinada que implica la adaptación a una nueva realidad con el cronómetro de vuelta en cero.

Happy childhood es un homenaje a su infancia feliz. Un pasaje apacible dentro de la obra. Together Like Old Times procura expresar desde la música, especialmente a través del diálogo continuo entre el vibráfono y el saxo, la emoción que producen los reencuentros familiares de un expatriado. Esos abrazos que no quisieran acabarse nunca. Lágrimas de alegría y tristeza, todo mezclado. Padres, hermanos, hijos y nietos tratando de aprovechar al máximo el tiempo juntos. Poniéndose al día, viéndose a los ojos, hablando de todo y de nada.

Making Progress, una pieza con actitud rock, unos salvajes solos de guitarra y una melodía trepidante, pareciera surgir de la sensación de haber tomado la decisión correcta, de esa etapa en la que el destino comienza a sentirse como hogar. Sin embargo, el propio Gonzalo reconoce que allí quiso expresar sus deseos de que se produzca un cambio en Venezuela. Se permitió soñar con un país diferente, colorido y vibrante, elegante y armonioso como su música.

A esa le agregó una cara B melancólica llamada Remembrances, una polaroid que la persona lleva en su memoria irremediablemente. También rescató un tema viejo que terminó como bonus track de Away from Home. Se trata de una onda nueva que le compuso a su amigo el empresario, enamorado de la música venezolana y motor de Guataca, Ernesto Rangel, cuando éste salió de prisión, donde estuvo —injustamente— porque el gobierno venezolano acusó a las casas de bolsa de delitos financieros que nunca fueron probados. A ese tema, el artista larense lo llamó The New Way of Freedom (fíjense en el guiño a la onda nueva en el título).

Gonzalo Teppa (Barquisimeto, 1971) es uno de los grandes contrabajistas venezolanos de los últimos tiempos. A la par de su participación en numerosos proyectos de otros artistas y agrupaciones, presentaciones con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, propuestas como el extinto THE Trio que en una época formó con el baterista Adolfo Herrera y el guitarrista Juan Ángel Esquivel, siempre ha escrito, arreglado y grabado su propio material.

La cosecha de Teppa ha dado Designios (2001), Travesías (2003), ConTrabajos de Aldemaro (2008), dedicado enteramente al genio de la onda nueva, y Sinergia (2014). Dice que sus compañeros de banda estadounidenses han empezado a estudiarse la onda nueva, el merengue caraqueño, la tonada, el joropo; todo lo que él les lleva desde su tierra los cautiva. Será interesante escuchar la evolución del sonido de la agrupación. Ojalá que Away from Home sea el primero de muchos álbumes del Gonzalo Teppa Quintet. 

Rojas y Torrealba: Un monumento hecho de flauta y bandola

Rojas y Torrealba: Un monumento hecho de flauta y bandola

Por Gerardo Guarache Ocque

Publicado el 27 de febrero de 2021 en Guatacanights.com

No es común que una flauta y una bandola dialoguen solas. Son dos instrumentos que requieren el abrigo de otros, por lo que, generalmente, el toma y dame se produce sobre una base que podría ser de cuatro, bajo y maracas. Jamás se sostendría un dueto semejante si no estuviera constituido por músicos excelsos como Manuel Rojas y Moisés Torrealba, quienes se juntaron en Houston para sentar un precedente artístico y, al mismo tiempo, celebrar la venezolanidad lejos de su tierra.

Es asombroso cómo en Equipaje de mano (2021), primer álbum del Rojas-Torrealba Duet, los artistas superan las limitaciones que imponen sus instrumentos. La bandola de Moisés es mucho más que una bandola llanera: No sólo canta y se adorna, sino que charrasquea acordes como un cuatro, pone acentos, hace bajos y trina vertiginosamente como guitarra española. Manuel, a su vez, describe melodías con su flauta y también hace una labor percutiva, aporta texturas y arpegios de acompañamiento, extiende notas para servirle una plataforma a su compañero. Ambos se entrecruzan, se apoyan; dominan el malabarismo que exige construir un monumento sonoro que se puede derrumbar con cualquier silencio.     

Rojas y Torrealba se conocieron cuando ya comenzaba a comentarse entre músicos larenses, especialmente entre artistas cercanos a la Estudiantina de la Universidad Politécnica de Barquisimeto, con la que colaboraba Rojas, cómo tocaba la bandola aquel prodigio que había llegado de Barinas. Poco después, en 2002, se editaría un álbum que lo consagraría en todo el país: Ensamble Gurrufío- Sesiones con Moisés Torrealba (2002). Esa producción contiene uno de los pocos antecedentes que existen de grabaciones en formato flauta-bandola. Es una versión de Romance en la lejanía que hicieron Torrealba y el maestro Luis Julio Toro.

En 2012, a una década del lanzamiento de ese compacto, Toro cedió su lugar en el Ensamble Gurrufío a Manuel Rojas. Por esos años se estrechó la amistad de Rojas y Torrealba. Primero tocaron juntos en una visita de la agrupación a Barinas, donde residía Torrealba más dedicado a la ingeniería que a la música. Después compartieron un viaje a Las Canarias, donde actuaron en julio de 2017; hasta que el destino los juntó en el exilio en tiempos recientes.

En Houston, comenzaron a probar, temerosos, este formato inusual. Lo consideraban riesgoso, pero aún así decidieron evaluarlo frente a la gente. María Eugenia French, amiga del dúo, organizó un concerthouse, producido con delicadeza, para unas 80 personas. Un público selecto asistió a una velada venezolanísima en plena región sur de Estados Unidos. Esa audiencia, en cierta forma, se convirtió en un jurado que aprobó la constitución del dueto y su cita con los estudios de grabación.

En cuanto a repertorio, no se fueron por las ramas ni buscaron música inédita. Escogieron joyas del cancionero nacional y acudieron a sus autores o a sus familiares, según fuera el caso, para rescatar las melodías originales. El maestro Pablo Camacaro les mandó la partitura de su Sr. JOU. Para la Tonada del cabestrero, buscaron un registro en el cual el propio Simón Díaz la canta con su cuatro. Para Criollísima, consultaron a Henry Martínez, quien corrigió algunas impresiones. En el caso de Quinta Anauco, se basaron en la versión de 1978 en la que el mismo Aldemaro Romero canta la melodía con su piano. Algo similar hicieron con Mujer barcelonesa de Enrique Hidalgo, Aquel zuliano de Renato Aguirre y Apure en un viaje de Genaro Prieto, la que inicia la fiesta con ímpetu llanero.

A todo esto, le sumaron un tema universal. Una versión única en el mundo del Vuelo de la mosca del brasileño Jacob Do Bandolim. Y más tarde, agregaron un joropito de bonus track que no estaba en los planes. En una tertulia en Katy, una ciudad muy cercana a Houston, habían improvisado un San Rafael. Uno de los asistentes los grabó tocándolo y les envío el video más tarde. Les gustó tanto lo que oyeron de sí mismos que decidieron estructurarlo para agregarlo al álbum. Ese joropo le aportó una energía necesaria, un ambiente en el que la bandola es libre; comienza pintando la escena, fijando el paisaje como un sol ladeado que va iluminando la llanura, antes de que comience el galope in crescendo.

—En la bandola, todo queda lejos— suele decir Torrealba. Para lograr lo que suena en Equipaje de mano debió extremar su técnica, expandir esas cuatro cuerdas, exprimirlas. Para un instrumento habituado a lo recio, las canciones lentas y suaves fueron las más retadoras. En Rojas, la dificultad fue otra: los arreglos (literalmente) no dan respiro. Puede oírsele buscando aire como quien sale a la superficie tras bucear sin equipo.  

El título de la obra es inequívoco. El Equipaje de mano ya no es sólo la pasión del dueto, su conocimiento y su talento, el patrimonio intangible de su país. Es ahora una poción mágica, contenida en Deezer, Apple, Youtube y próximamente en Spotify, que cualquier venezolano puede consumir para conectarse con su raíz, con ese sentimiento que lo acompaña donde quiera que esté.