LA Forum. Los Ángeles. Jueves 5 de mayo de 2011/Publicado en Ladosis en junio de 2011

Prince es una especie de monstruo de Frankenstein, que ha tomado prestados poderes y los ha incorporado hasta fusionarlos en sí mismo. Lo que es intimidante en su caso no es su imagen, y menos su tamaño. Tampoco el hecho de que emerja desde el fondo del escenario, como bien podría ocurrir en otra aterradora historia de Mary Shelley. Lo que impresiona del artista, que nació en Minnesota un 7 de junio hace 53 años, es simplemente su talento.

De James Brown tiene su manera de bailar. Se mueve con extraordinaria agilidad y todavía más clase. De Little Richard, su desparpajo, su agresividad en escena. De Curtis Mayfield, o acaso de Hendrix, su manera de abordar los temas con guitarra y voz. Pero también tiene un caldo de cultivo de funk, R&B, soul, rock ‘N’ roll, blues y otras especies, del que nace una fusión que representa la continuidad al sonido negro de los años 70.

En sus shows suele dejar clara su postura con respecto al rumbo que tomó el mainstream estadounidense a través de frases contundentes. Como si todavía estuviera sangrando por la herida que le dejó su conflicto con Warner, suelta frases punzantes: Música de verdad, hecha por verdaderos músicos. Esto no viene de una oficina. Esto viene del alma. Quiero dedicar esta canción a aquellos que todavía aprecian la música hermosa.

Los temas editados en los años 80, pero despojados de lo sintético, tienen un poder extraordinario para agitar al público. Todos suenan remozados, orgánicos, con un groove diferente con el que contribuyen su bajista Rhonda Smith, su baterista Michael B y su tecladista Renato Neto.

Durante más de 90 minutos, Prince Roger Nelson entretuvo a quienes asistieron al Fórum de Los Ángeles, la antigua casa de los Lakers, ubicado en una zona de población mayoritariamente negra. El show de apertura lo hizo Chaka Khan. Luego llegó la criatura que, con destreza, se desplazó sobre un escenario que funcionaba en 360 grados, al estilo Phil Collins —quien curiosamente le arrebató un par de intros en el pasado—.

El feeling le brota por los poros. Quizá por eso y por su productiva carrera, la revista Rolling Stone lo catalogó en el puesto 28 de los Mejores Artistas de Todos los Tiempos. Insisto en esto: puede hacerlo todo en escena. Es capaz de bailar con extraordinaria soltura, cantar en un amplio registro —con un manejo magistral de los falsetes—; hacer un divertido riff de guitarra funk, y ofrecer un solo endemoniado con distorsión y wah wah al minuto siguiente. De pronto, demuestra sus habilidades con el bajo, y, en la parte final del espectáculo —después de un final falso con su máximo hit: Pulple Rain— se sienta en un piano de cola púrpura y toca mientras canta baladas.

“Quiero decir algo. Sé que estoy envejeciendo, pero yo me veo igual”, dijo en pleno “Musicology”, en la que sorpresivamente se subió al escenario Whitney Houston. De sus éxitos, no dejó nada por fuera. Cerró con “Kiss”, cantó un fragmento de “The Most Beautiful Girl in The World” e interpretó “Nothing Compares 2 U”, que aunque buena parte del planeta la conoce por Sinead O’Connor, es una composición suya. Tocó “Controversy”, “Let’s Go Crazy”, “Delirious”, “1999” y “Cool”, en la que le hizo un guiño al difunto Michael Jackson, con un fragmento de “Don’t Stop Till You Get Enough”.

Sobre un escenario con la forma del símbolo que adoptó como nombre en una época, Prince demostró que simplemente es un showman absolutamente inimitable e irrepetible.

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Un comentario en “Cómo era un show de Prince

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