Doce margaritas: El canto susurrante de Nella

Doce margaritas: El canto susurrante de Nella

Publicado el 6 de mayo de 2021 en Guatacanights.com

Por Gerardo Guarache Ocque

Sigue siendo la Nella de Voy, su álbum debut. El corazón de la artista ganadora del Latin Grammy a nuevos talentos sigue latiendo desde algún indeterminado del mapa entre el sur de España y El Caribe, desde alguna costa caliente, exuberante y mestiza. Pero Doce margaritas (2021), una producción menos orgánica y más artificiosa, también pone, junto a las nostalgias, los amores y los tragos amargos, una pista de baile.  

Basta con escuchar los dos singles que llegaron a las plataformas digitales como abrebocas del LP, para captar la invitación al movimiento. Solita insinúa un beat de eso que actualmente lleva la etiqueta de urbano, pero lo hace a través de unas palmas y un groove electrónico pensado desde lo flamenco, combinado con pinceladas de tradición cubana. En fin, reguetonea como quien no quiere la cosa. Y lo hace realzando una melodía y una letra con un mensaje de autosuficiencia emocional: Yo vivo feliz cantando solita.

Ahí trae consigo un planteamiento similar, pero destacando las armonías vocales, todas a cargo de la propia cantante formada en la Berklee School of Music de Boston. Y lo mismo pasa con Dímelo bajito, donde el beat sintético convive con una guitarra española muy limpia.

Volaré, balada grabada junto al laureado puertorriqueño Pedro Capó, nieto de Bobby Capó, deviene en reguetón romántico. En el coro cantan los dos en torno a la misma melodía, ella arriba y él abajo, pero a veces Capó empieza a trazar otra línea distinta como quien bucea mirando la superficie. Es un dueto cuidadosamente elaborado.

En esos instantes urbanos luce lejana y borrosa aquella Marianella Rojas de la que tuvimos noticia por una versión a capella, a pura palma y voz, del merengue caraqueño con música de Pablo Camacaro y letra de Henry Martínez, con la que atrajo la atención del productor Javier Limón.  

En Son de los sueños, una rareza de beat entrecortado con voz aflamencada, le surge una pizquita de venezolanidad, una caída como de tonada llanera: Y los sueños, sueños son. Y a pesar de que no lo reflejan los créditos del Spotify (hasta el día siguiente al lanzamiento), Nella grabó junto a C4 Trío la octava pista, Contra la marea. Los cuatros no tocan con la libertad habitual ni charrasquean con fuerza, pero se percibe esa facultad del trío Glem-Molina-Ramírez de hacer del cuatro venezolano mucho más, de hacer con él percusión, matices y un barrido que es como un efecto de lluvia; y también, es notorio el feeling inconfundible del bajista Rodner Padilla, quien también colaboró con la producción. No olvidemos que Padilla, quien por estas fechas trabaja en un álbum de Luis Enrique en ese rol, ya se llevó el Latin Grammy a Mejor Productor del Año.   

Doce margaritas es la primera entrega de Nella bajo el paraguas Sony Music Latin. La producción no sólo estuvo a cargo de Javier Limón, quien, tal como ocurrió en Voy (con una sola excepción), compuso todo el álbum, demostrando así, no sólo lo prolífico que es como creador, sino su capacidad de escribir habitando la piel ajena. Con Limón, español que ha trabajado con figuras como Concha Buika, Bebo Valdés, Caetano Veloso, Anoushka Shaknar, Diego El Cigala y Andrés Calamaro, colaboraron en la producción Julio Reyes Copello, George Noriega y el venezolano Rafa Rodríguez.

Nella entiende que cantar perfecto no es cantar bien. Nella susurra, se desmorona con la canción hasta el punto de permitir que el hilo de voz se interrumpa y se deshaga. Es curioso que Doce margaritas haya sido una obra concebida durante el encierro por la pandemia. Es curioso porque en ella se contraponen dos invitaciones: Una al baile, al club… y otra a la intimidad. Es un álbum cantado al oído, pero con ganas de moverse. No es una obra para la soledad, pero tampoco para la multitud. Es una banda sonora petit comité.

Dos parecieran las más afectada por las circunstancias y el mundo exterior. Pa’ Fuera y Ya no queda na’. En ambas, manteniendo la tendencia del álbum, se encuentran elementos orgánicos crudos con sonidos muy procesados. Allí, además, Nella se reencuentra con la niña margariteña que antes de ser cantante, quiso ser bailarina: Te repito, sólo quiero bailar.

A todo eso se suman los episodios calmados de romance y añoranza. Por ejemplo, Otro beso, donde no hay beats ni artificios, sino guitarras, percusión y trompetas; Nada, un hermoso despecho tejido con voces, guitarras, piano y algo de percusión; el bolero De vez en cuando, una pieza a la que no le va bien una margarita sino un ron añejo, que Nella grabó con el pianista cubano Iván “Melón” Lewis, que suele acompañar a Buika; y la que cierra el álbum, titulada A mí me gustaría perdonar, un manifiesto en el que la intérprete deja correr más su voz cristalina.

En griego, margarita significa ‘perla’. Dicen que, por su abundancia de perlas en sus costas, la isla venezolana en la que nació esta prometedora artista ahora establecida en Nueva York, lleva el nombre de Margarita. Nella se inspiró en esa hipótesis para darle título a su álbum. Por eso en la portada se adorna con margaritas, pero también luce un collar de perlas que representan esas joyas que Limón escribió para su susurrante y seductora voz.

Voy: Un viaje en la voz de Nella

Voy: Un viaje en la voz de Nella

Publicado originalmente el 11 de junio de 2019 en Guatacanights.com. Enlace directo aquí

Viernes 31 de mayo. 8:45 am, hora de España. Los pasajeros se abrochan los cinturones para volar de Madrid a Lisboa en un Airbus de Iberia que celebra 80 años de una ruta que significó el primer vuelo internacional en la historia de la aerolínea. En los asientos, cada quien encuentra un ejemplar de Voy, el álbum debut de Nella Rojas, la margariteña de la voz quebrada que más tarde, a 10.000 pies de altura, sorprenderá a todos porque cantará en directo allí, en un pasillo de avión convertido en escenario, acompañada por su productor, autor de las canciones y cómplice de aventuras, Javier Limón.

Voy es un viaje. Un viaje del Caribe a la península ibérica y de regreso. Algunas canciones están más cerca del trópico, de las costas venezolanas, de su Margarita del alma o hasta de Cuba. Otras parecieran aproximarse a las costas andaluzas, esas que por más de siete centurias fueron de dominio árabe. Voyes una obra dulce y melancólica. Un álbum que deja la sensación de una caricia, que respira la nostalgia del pescador cuando admira esa línea en la que se juntan el cielo y el mar y, además, deja en la boca el sabor del agua salada después de un día de playa.

La más antigua de las canciones es “Fin de fiesta”, una copla que acercó a Marianella Rojas a Javier Limón cuando ella era estudiante en el Berklee College of Music de Boston, donde el productor español es catedrático. Es una pieza que conoció gracias a la versión de Concha Buika, la apasionada mallorquina con la que ha trabajado Limón, que encajó en el concepto que estuvieron construyeron durante dos años para este nuevo trabajo.

De resto, todas las canciones las escribió el andaluz pensando en la voz de Nella, estudiándola, incluso procurando verbalizar sus pensamientos. Vía whatsapp, durante más de un año, le estuvo enviando fragmentos de letras y melodías para que la intérprete se las apropiara y participara del proceso creativo. El primer resultado le sirvió de tarjeta de presentación: “Me llaman Nella” fue el primer sencillo publicado hace más de un año. Recientemente, lanzaron la que da título al álbum, “Voy”, una pieza que ejemplifica la fusión musical, casi indivisible, que lleva elementos flamencos, son y espíritu caribeño, una pizca de jazz y un sutil barniz pop.

Venezuela está muy presente en “Te dirán”. Con ella, Nella cumplió uno de sus sueños de siempre: invitó para un dueto al cantautor Ilan Chester, que le envió su parte desde La India. También destaca el cuatro del cumanés Jorge Glem. Es una pieza entrañable, melódicamente curiosa, sobre un amor imborrable: …escribo tu nombre cada día en la arena/ el agua viene y va/ pero tu nombre se queda. Cada vez que Nella la oye, le brotan las lágrimas de la emoción.

“Volver a mi tierra” es otro de los abrebocas ya conocidos. Un tema que expresa el anhelo de la intérprete y de millones de venezolanos que han dejado su casa en medio de una profunda crisis económica, social y política. En un videoclip, personalidades dela actuación como Ana María Simon, Mariaca Semprún, Prakriti Maduro, Jean Paul Leroux y Pastor Oviedo, la Miss Universo Dayana Mendoza, sus colegas de la música Ana Carmela Ramírez y Linda Briceño y muchos más, le cantaron desde el extranjero junto a ella, con amor y dolor, a Venezuela.

“Una y otra vez”, en la que colaboró la modelo y cantante sevillana Alba Molina, es una de las piezas más logradas del álbum. Posa sublimes melodías sobre un groove moderno. Su contenido es sufrido —es una ruptura, un despecho, los buenos recuerdos que queman— pero todo se hace llevadero gracias a armonías delicadas y un beat que incluso llama al baile, aunque no tanto como “Por verte otra vez”, la más caribeña, la única con arreglos de metales y solos de trompeta.

“Pero hoy” es un cambio de velocidad. Una copla de añoranza por tiempos que pasaron. Quizá de la infancia, quizá de un viejo amor o de un ser querido que se fue. Quizá del país que quedó atrás pero persiste en la memoria del exiliado: Pero hoy, ahora, en este preciso instante, sólo pienso en ti si canto, dice el coro. Son canciones que, realzadas por la voz de la margariteña, se meten bajo la piel, castigan y alivian a la vez, como “Tantas y tantas cosas” o “Ángel caído”, otras dos del repertorio.

La gran rareza entre las 13 canciones que componen el álbum es “1000 miles”, no sólo por ser la única en inglés o por ser la única que no escribió Limón: esa pieza la creó David Trueba, escritor y cineasta, hermano de Fernando Trueba, conocido por Vivir es fácil con los ojos cerrados(2013), la película basada en la visita que hizo John Lennon a Almería, España, siendo un beatle en 1966, en rol de actor.

A un lado, fuera del disco y en la banda sonora de la película Todos lo sabendel iraní Asghar Farhadi, quedaron otras joyas que Nella Rojas grabó en este primer capítulo de su carrera profesional. Es notable la evolución de la artista, egresada de Berklee, que hizo viral una versión a capella de “La Negra Atilia” de Pablo Camacaro y Henry Martínez. Ahora, en medio de una curva hacia la madurez, le espera una larga gira por España y Estados Unidos para presentar su álbum debut con el sello Casa Limón. Una gran promesa artística acaba de despegar. Y cuando ella dice Voy, todos quieren ir con ella.